Hace 100 millones de años,
allá por el Cretácico,
los continentes no se hablaban,
pues las cálidas aguas de Pangea
impedían que se conocieran.
Los dinosaurios dominaban la tierra firme
y los ammonites poblaban los mares del mundo.
Un día, un vigoroso Atlántico Norte
quiso seducir a las aguas del otro lado
que formaban el océano Thetys.
Le echó una mano su amigo,
un apuesto golfo
apodado “el de Vizcaya”,
quien concertó una cita
originando cuencas hundidas
para que los extraños se conocieran
y protegió los encuentros
con grandes bloques levantados.
Durante sus flirteos
las aguas se abrazaron
y dieron lugar a hermosos arrecifes.
Los arrumacos y besos
emocionaron al golfo
y sus lágrimas provocaron
que las románticas arcillas,
conchas calcáreas, arenas y gravas
se desprendieran de los bloques levantados,
fluyendo hasta el fondo marino
donde formaron bloques hundidos
que se llamaron el Flysch Negro.
Pero Iberia se sentía muy sola
y celosa del amor acuoso
quiso acercarse a Europa,
empujando aquellas aguas
para estrechar la cuenca.
Alcanzado el Paleoceno
se alió con un ejército montañés
que selló el golfo marino
por el flanco oriental
terminándose así el amor
del Atlántico y de Thetys.
El desolado golfo,
cada vez más abatido,
fue el escenario de mil batallas.
Europa, Iberia y los incipientes Pirineos
se aliaron contra las aguas
y sedimentos de la metralla
se acumularon en las entrañas
del estrecho fondo marino.
En la última contienda,
allá por el Eoceno-Oligoceno,
Iberia dio la mano a Europa;
para celebrar la victoria
obligaron a levantarse
a los rendidos posos del golfo,
que plegados, formaron Los Pirineos.
Flysch de Zumaia,
secuencia eres de fondos marinos,
historia de encuentros de distintas aguas,
hoy cálidas y frías,
que un buen día se abrazaron
para formar tu hermoso paisaje.
  Susana Cía Benítez 2023
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