Montaje de Susana: La anciana de Eraul

La anciana de Eraul


Eraul - Valle de Yerri - Navarra


Una supercentenaria encina
se encuentra en el término de Eraul.
Hace tiempo cumplió la centena
y en los últimos aniversarios
tantos anillos presionaron la cintura
que reventó su vestido de gala
provocando los jirones
agujeros en la corteza.

El ancho cinturón
que antaño estilizaba
su elegante figura
ya no es novedad
y por eso ahora muestra los quilos
sin ninguna vergüenza,
así como su barriga caída.

Por si fuera poco,
los dolores
retuercen su frágil cuerpo
causando además el reuma
una fea chepa dorsal
y esta joroba, en verdad,
resulta bastante chunga.

¡Qué lástima que la fagácea
ya no puede atisbar el paraje natal!
porque al curvar su columna vertebral
el rostro se orientó a sus pies
y ya no puede divisar
el paraje de Valdega.

Menos mal que con un brazo
sostiene un largo bastón
que los vecinos de Eraul
le regalaron hace tiempo,
un día, por su cumpleaños.

Tampoco a la superlongeva
la cabeza le funciona bien.
¡Ni a babor ni a estribor!,
pues tiene muy mala memoria
y ni siquiera recuerda la batalla de Eraul
durante la tercera guerra carlista,
la cual divisó
hace ya ciento cincuenta años
desde su posición.

Si sus huesos no responden
y las arrugas conquistaron la lectura
de antiguas revistas de moda,
sucede lo contrario
con su moldeada cabellera,
pues lejos de ser plateada
luce tan jovial
como aquella que tenía
cuando era una carrasca
de tan solo un anillo.

Ahora bien,
la vetusta encina, cada día,
ha de ir a la peluquería,
ya que su copa ovalada
amanece siempre aplastada
como si sus sueños pesaran
sobre la almohada,
y es por eso que sus altas ramas,
nudas se quedaron ya
hace bastante tiempo.

Que no, que no...
¡que no se apoderó de ella la alopecia!
Pero, ¿qué esperar de una vetusta encina?
¡Ya cumplió más de quinientos años!

La presumida carrasca
cada año tiñe su pelo
con mechas amarillentas;
tanto las oscurece el sol
que al final se tornan pardas.

También con ella nació una ninfa.
Ella se llama Balanos
y como celebra la misma edad,
tiene ya el pelo cano;
por eso ahora oculta su pelo
con un sombrero siempre adornado
con las mismas ramas
que el pasado mes de abril,
nuevamente, florecieron.

Cuando llega el otoño,
el viento agita las ramas;
entonces, los cabellos de la ninfa
se enredan mientras las hojas charlan
despertando a unos gnomos que, traviesos,
arrojan al suelo tantas bellotas
como años cumplieron
los anillos de la anciana.
Quercus ilex se enfada.
¡Que a sus años no soporta las traviesas jugarretas!

Después juegan al escondite
ocultando los pequeños
sus diminutas siluetas
en los pliegues que Balanos
porta en su arrugada falda,
la cual, asimétrica,
resulta ser por detrás,
un poquitín más larga.

La hamadríada se vuelve loca
persiguiendo a los revoltosos duendes
mientras levanta el bastón
dando pasos de ratón.

Pero también ella cuida de la planta
pues comparte el mismo destino;
poda las malezas del jardín
que crecen en torno a ella
y hasta hace poco colocó un vallado
para marcar los aledaños.

Siempre fue una leal guardiana
y es por ello que la anillada
pronto cumplirá otra añada.

¡Felicidades, anciana,
y larga vida tenga la ninfa
que convive con tu alma!

copyright  Susana Cía Benítez 2023


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Foto de Susana: Una anciana con bastón

Foto de Susana: El vestido de la anciana

Dos duendes: Mi padre y yo









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