Aunque sus pies invisibles son,
por sus rastros lo podrás conocer.
Si su voz humana es,
no lo son las armas del guerrero
que esconde bajo su piel.
Si con un dedo dirige la nociva acción,
con la otra mano recoge la riqueza
que sólo atesora para él.
Se nutre de bajas pasiones,
del conflicto..., de la ira.
Su sólida masa se engorda
apagando todas las luces
en su oscuro y denso reino.
Hombres medianos desean ser gigantes,
mas sus ojos no ven la podredumbre
que los enormes pasos del coloso
provocan al caminar.
Tampoco perciben los invisibles hilos
que el gigante ata a sus brazos
para convertirlos en títeres
de su obra teatral.
¿Cómo podrá el humano
soltar los lazos
que el gigante mueve con tesón?
¿Cómo enseñar al egoísta cíclope
la consciencia de un mundo
que vibra por doquier?
 Susana Cía Benítez 2021
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