
Un día emergió un faro
sobre Cap Sant Antoni.
Aquella luz iluminaba el horizonte
y tras la rendija del yelmo
los ojos del soldado
controlaban las temidas aguas
que tantos quebraderos daban
a su concienzuda cabeza.
Sentíase feliz el faro,
pues todos los navíos
llegaban a puerto sanos
y así la luz era plena
con su misión de guía.
Mas una noche el faro
tuvo una gran avería
y en vez de iluminar las aguas
enfocó el extenso cosmos,
lleno de misteriosas estrellas.
Tanto tiempo pasó en ese estado,
que el soldado perdió la cordura.
Estando desorientado,
dejó de otear la frontera,
no viendo ni una línea en sus aguas
y así se perdió en la locura
de los círculos fugaces
que danzaban con extraños compases.
Con los ojos cerrados
divisó cúmulos estelares.
Allí no había líneas rectas,
solo espirales;
allí no había fronteras,
tan solo, oscuros agujeros.
Y el soldado sin yelmo
soñó entonces
con ser aventurero
de nuevos mundos,
y su faro fue,
desde ese instante,
la luz de un misterioso universo.
  Susana Cía Benítez 2023
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