Tu semblante está fatigado;
muestras el cansancio del brote atormentado
que aún agita su armadura de plata
y provoca las olas resacosas de un temporal acabado.
Tus aguas están tan turbias como la mente confusa de aquel
que estalla de ira y se vacía,
mas no encuentra la paz que tanto espera al terminar su rabieta.
—El cielo refleja mi estado;
es la tristeza de aquel que vengó su dolor en la prisión del esclavo
provocando el motín de la libertad ansiada.
¡Qué grande fue tu grito en una batalla sin armas!
La gloria de la victoria conquistó las tierras baldías
inundando de agua los campos de la discordia.
—¡Ahí tenéis vuestras heces malolientes!
—exhalaste mientras el remolino furioso
erizaba tu cabello sedoso izando los guerreros espumosos
que como leales gigantes lucharon en la primera línea de batalla.
—Escupí entonces el veneno de la sinrazón sintética
que tanto tiempo engulló mi boca
y provocó innumerables heridas en las oscuras entrañas.
Tambaleaste también los firmes cimientos de Titanics
que se creían invencibles por haber traficado el oro
a la vera de tu hermoso espejo de argento.

—Es mi fuerza una advertencia.
¿Ahora me veis?,
¿ahora me conocéis?,
¿ya tenéis suficiente?
No podréis comprar al viento que tengo por aliado,
ni podréis existir entre los desechos que devolveré a vuestra vida.
—No quedarán asientos firmes en los que poder apoyarse,
pues mi amigo huracanado levantará la arena que ciega vuestros ojos
para que os veáis desnudos, tan nudos como yo.
¿Y qué quedará tras tu gloria?
Inocentes perecieron arrastrados por las mareas del enojo.
Las dunas se desmontaron
y con ellas enmudecieron los patinegros chorlitejos.

¿Qué gloria vence matando?
¿Quién osa festejar con la comilona sangrienta del pescado
que agoniza a la orilla de tu victoria?
—Es el trofeo para los alados triunfadores,
mas a los vencidos no quise hacer daño.
¡A cuántos los libré del engañoso cautiverio
que mantienen las narcóticas jaulas de vuestras piscifactorías!
No existe la batalla sin ofensas indirectas.
Si me atacas, me defiendo;
si me amas, serás mi misma esencia.
Tan profunda es la herida
que el mar no confía
y se mantiene alerta…
  Susana Cía Benítez 2020