Montaje de Susana: la laguna de Calpe

La laguna de la armonía

Calpe - Alicante


En la laguna del faraón
se alza un hermoso palafito
que un día vio nacer
a dos rollizos mellizos.

En el día del bautizo
las aguas del humedal
salpican a los infantes
invadiendo su pequeña barca
con impetuosas olas,
pues un ruidoso barullo
preside la cristalina estancia.

Los oscuros cormoranes
claman que no tienen enemigos
e invitan a voraces buitres
al evento festivo.

Gaviotas patiamarillas
protestan con risotadas:
—¡No queremos oportunistas
en nuestro salado hábitat!

Chorlitejos patinegros
con movimientos nerviosos
no paran de temblar de miedo,
¡que ya solo faltaba un buitre
vagando por sus pequeños nidos!
—Si fingimos estar heridos
tal vez logremos ahuyentar
a los intrusos temidos.

—«Kii-ik, kii-ik…»
—reclama la cigüeñela
y el penetrante gorgorito
provoca la jaqueca
de un intrépido zampullín.

Los astutos cormoranes
posan quietos sobre la rama
de un viejo árbol caído
y esperan que los flamencos
griten con terror su alarma,
mas algo pasa en la laguna
que no altera para nada
a los blancos zancudos.

El sol suda chorreones
en las aguas de Karnak
y los equilibristas flamencos
levantan sus esbeltas patas
librando el calor corporal
mientras ahuecan las bellas plumas
escondiendo la cabeza
con la modorra solar.

En medio de la confusión acuosa
las concubinas del templo
protegen a los infantes
aplicando en los tiernos párpados
el tupido «khol» azul.
El maquillaje protege
a la oscura piel que envuelve,
pues esta no quiere afearse
con las manchas que el fatigado sol
provoca con su estelar resplandor.

En la hora del bautismo
son sumergidos los niños
y las aguas lavan los cuerpos
poco antes de que el celebrante
unja las calvas coronas
con dos gotas de sudor caliente
que también son derramadas
en las ondas del reino alado.

Entretanto, los flamencos,
acompañando la cuna,
ocultan hambrientos las cabezas.
Filtrando el lodo y el agua
se abulta su largo buche
y pigmentadas quedan sus patas.
—¡Milagro! —grita una garza real.
¡Que los ojos anaranjados
rodean un agujero oscuro!
¡Que las plumas se tintaron
de bellos colores de fuego!

El viento ulula «Shu»
en el oído del niño
y levanta las aguas calmas
con un leve sonido.
Apenas se escucha «Maat»;
que la niña, muy serena,
dormita todavía ajena
al orden que se deriva
por trascender el susurro
que confiere su nombre.

El niño levanta las manos
con las que ase una pluma;
después, emana su boca un soplo
y turba la alquimia alada.
Celebrando el convite
despegan los elegantes brazos
batiéndose juntas las alas
al compás del viento.

¡Rojos son los flamencos
que surcan las notas del cielo!
¡Miles de plumas al aire,
mecidas por la corriente!

La atmósfera teje un traje
vistiendo a la niña con alas.
Entre todas las plumas destaca
una muy grande y roja
que luce ahora la penígera
en el tocado de su cabeza.

Entonces, reina el silencio,
y una inusitada alegría
alcanza finalmente
la laguna de la armonía.

copyright  Susana Cía Benítez 2023


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